“Todos Santos, Día de Muertos” Octavio Paz

Pero un pobre mexicano, ¿cómo podría vivir sin esas dos o tres fiestas anuales que lo compensan de su estrechez y de su miseria? con esta pregunta empezamos la reflexión sobre el ensayo “Todos Santos, Día de Muertos” del libro El Laberinto de la Soledad de Octavio Paz.

¡Adelante!

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Dice Paz que la fiesta es un acto ritual; dice que el mexicano heredó de las culturas prehispánicas esa predisposición por las grandes ceremonias. Y estoy de acuerdo. Las fiestas hacen del mexicano un “ser” imaginativo y sensible. Las fiestas, las reuniones, las borracheras rompen el tiempo, describe Paz, y acaban con esa incertidumbre del mañana (el futuro inseguro) engañoso y rastrero.

“El mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas” escribe Octavio. Y es tan cierto que no bastan las fiestas que la madre patria y la república del “smog” ofrecen al pueblo, sino que cada comunidad y cada pueblo tienen sus propios “patrones” sus “santos”

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Fiestas patronales o regionales mexicanas

(clic al enlace de arriba para ver al autor/a de las fotos y más imágenes)

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No importa que sea entre semana, o que no haya ni para comer, al mexicano lo que verdaderamente le importa es estar dentro de la fiesta. En ella, escribe Paz, el mexicano explota y grita para, después, callarse todo el año.

Escribe Octavio al respecto:

Recuerdo que hace años pregunté al Presidente municipal de un poblado vecino a Mitla:
“¿A cuánto ascienden los ingresos del Municipio por contribuciones?” “A unos tres mil pesos  anuales. Somos muy pobres. Por eso el señor Gobernador y la Federación nos ayudan cada año a completar nuestros gastos”. “¿Y en qué utilizan esos tres mil pesos?” “Pues casi todo en fiestas, señor. Chico como lo ve, el pueblo tiene dos Santos Patrones.”

Esa respuesta no es asombrosa. Nuestra pobreza puede medirse por el número y suntuosidad de las fiestas populares. Los países ricos tienen pocas: no hay tiempo, ni humor.

Aunque en esta última afirmación me encuentro en desacuerdo, porque las fiestas son también parte de una herencia cultural, Octavio Paz tiene razón. ¿Será que nuestra tristeza se puede medir por el número de fiestas que hacemos? ¿el mexicano le tiene miedo a la soledad?

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La Plaza Garibaldi y el Mariachi, Ciudad de México

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Escribe Paz:

Esa noche los amigos, que durante meses no pronunciaron más palabras que las prescritas por la indispensable cortesía, se emborrachan juntos, se hacen confidencias, lloran las mismas penas, se descubren hermanos y a veces, para probarse, se matan entre sí. La noche se puebla de canciones y aullidos. Los enamorados despiertan con orquestas a las muchachas. Hay diálogos y burlas de balcón a balcón, de acera a acera. Nadie habla en voz baja. Se arrojan los sombreros al aire. Las malas palabras y los chistes caen como cascadas de pesos fuertes. Brotan las guitarras. En ocasiones, es cierto, la alegría acaba mal: hay riñas, injurias, balazos, cuchilladas. También eso forma parte de la fiesta. Porque el mexicano no se divierte: quiere sobrepasarse, saltar  el muro de soledad que el resto del año lo incomunica. Todos están poseídos por la violencia y el  frenesí. Las almas estallan como los colores, las voces, los sentimientos.

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En la fiesta el mexicano se desconoce. Se embriaga de todo lo que encuentra a su paso: música, colores, comida, amores, celos, juegos, peleas. Es como si la fiesta moestrara el rostro que permanece oculto durante todo el año, un rostro que se asemeja a una sonrisa bien plantada y alimentada por el frenesí y la euforia de estos días de fiesta.

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El hombre y el tequila

Un buen ejemplo:

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Mentir no sólo es cosa de Pinocho

La entrada es una gran colaboración de la compañera Verónica Pérez Hurtado, estudia actualmente el sexto semestre de la licenciatura de Comunicación y Periodismo en la UNAM. Ella nos hablará del uso de la mentira como un recurso de último momento y como la forma predilecta de muchas personas para relacionarse.

¡Pasen por favor!

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Pinocho personaje del escritor Carlo Collodi

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En México se utiliza una variedad de formas que definen el acto de mentir; rollos, mentiras piadosas, chismes, etc. En fin, todos tenemos una opinión sobre el concepto.

Una mentira es una acción o afirmación verbal que se usa para engañar a una persona. A pesar de que la mentira es considerada como un acto deshonesto, cuando se les cuestiona a las personas, con qué frecuencia mienten responden que casi nunca, que curioso, lo dicen aunque esta respuesta sea una mentira.

Existen dos tipos de mentiras: las que se dicen en beneficio propio y las que benefician a alguien más.

Las primeras son de beneficio para la persona que las dice y éstas pueden ocasionar un daño a quienes son dichas. Este tipo de mentiras se aplican para evitar algún castigo; que va desde negar rotundamente la culpabilidad, hasta culpar directamente a otra persona. Para evitar una vergüenza provocada si saben la verdad. Para dar una buena impresión, o sea construir una falsa imagen de lo que verdaderamente se es, causado por la baja estima que se tiene. Las consecuencias de esta mentira es que tarde o temprano la verdad saldrá a la luz, y el afectado no sólo será la persona víctima de la mentira sino también el autor de la misma. Hay quien miente para destruir la reputación de terceras personas, en este caso es más evidente el beneficio propio sin importar la desgracia del prójimo.

El otro tipo de mentira es aquella que se dice en beneficio de otra persona; esto es por sacarla de un apuro, a veces llamamos a este tipo de mentira como mentira piadosa, es muy común que ocupemos este término para referirnos a una mentira que ayuda a otra persona; ya sea para evitar un problema o conflicto; ejemplo de esto puede ser que llegamos a ver a una amiga que tenía mucho tiempo que ya no habíamos visto, al verla notamos que se ha descuidado un poco en el aspecto físico sin embargo le decimos: ¡Oh que bien te ves! inmediato cambiamos de tema. Estamos mintiendo pero si decimos: ¡oye que mal te ves, te has descuidado mucho, has engordado! sabemos que la lastimaríamos y seguro nos dejará de hablar.

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Un pequeña explicación de: ¿por qué mentimos?

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¿Por qué mienten los niños?

Los niños pequeños poseen una gran imaginación, es por eso que les gusta inventar historias, para ellos se trata de un juego como cualquier otro ya que aun no es consciente de lo real y de lo imaginario.

Esta manera de mentir juega un papel muy importante en el niño al poder mejor su capacidad de lenguaje ya que el pequeño utiliza más palabras al contar una mentira que si describiera un hecho real. Poco a poco la mentira se va haciendo de forma consciente, de manera deliberada: puede mentir por miedo, para evitar un castigo, para obtener un premio, para llamar la atención o bien por imitación.

Una forma de evitar que la mentira se transforme en una obsesión en la edad adulta es “no castigar a los niños cuando dicen una mentira menor, ya que es propio de la imaginación infantil y forma parte de su maduración”. Los padres deben explicar las diferencias entre fantasía y la realidad a los niños.

El desarrollo de una fantasía muy grande puede llevar a los niños a cultivar “otra realidad” inventada que es la puerta a la mentira. Hay que hacerles saber distinguir entre la imaginación y la realidad.

Una mentira que busca impresionar para mejorar el autoestima se puede transformar en un trastorno de la personalidad que según la Psicóloga Lizbeth Flores Cruz, se puede llamar “Seudología Fantástica” que es una compulsión a imaginar una vida, unos acontecimientos y una historia en base a una impresión de admiración en los espectadores o en las personas que nos escuchan.

Este afán por impresionar está basado en la imperiosa necesidad de resultar valiosos y geniales por medios tramposos ya que por los medios naturales y habituales de la simpatía y de la espontaneidad se duda de poder conseguirlos.

Como vemos las mentiras son usadas desde los más pequeños del hogar así como los más grandes. Usadas para diferentes fines pero sin perder el significado del concepto. Y usted, ¿miente con frecuencia? Si su respuesta ha sido no, ya ha hecho uso de la mentira.

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Un tema, sin duda, interesante. Es importante recordad que muchas personas utilizan las mentiras para formarse una nueva vida y, aunque esta vida es una total mentira, lo más increíble es que el autor de tantos engaños puede llegar a creer profundamente en su nueva vida.

Escribe Octavio Paz en el ensayo “Máscaras Mexicanas“:

Mentimos por placer y fantasía, sí, como todos los pueblos imaginativos (refiriéndose a México) pero también para ocultarnos y ponernos al abrigo de intrusos… Con ella no pretendemos nada más a los demás, sino a nosotros mismos.

Les comparto aquí abajo el link del reportaje 

http://issuu.com/veronicaperezhurtado/docs/mentir_no_s_lo_es_cosa_de_pinocho

Rulfo en el páramo

En esta entrada pretendo reunir pequeños fragmentos de cuentos y novelas que me parecieron importantes, tanto por su forma como por su significado, son segmentos que enriquecen el lenguaje poético y, sobre todo, caracterizan la obra de Juan Rulfo. Esta selección intentará que las letras de Rulfo expresen algo más que una simple oración y un lenguaje figurativo, algo más.

Nota importante: las fotografías que aparecen en este blog (menos la primera) fueron tomadas por Rulfo; y ahora pertenecen a la fundación que lleva su nombre. 

¡Adelante caminante!

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Si el hombre es polvo Esos que andan por el llano Son hombres.

Octavio Paz

La obra de Juan Ruflo no es extensa, pero sí tremendamente enriquecedora. Dos de sus obras: “El Llano en Llamas”, por un lado, y la novela “Pedro Páramo” lograron que Rulfo se colocara entre los escritores más reconocidos y prestigiados de su época. Mucho se rumoreaba sobre esta gran autor mexicano sin embargo, lo único que conocemos de él es su espléndida manera de convertir su palabras en tropos literarios que quedarán por siempre en la memoria de los que lo han leído.

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Fragmento de la novela Pedro Páramo

Era la hora en que los niños juegan en las calles de todos los pueblos, llenando con sus gritos la tarde. Cuando aun las paredes negras reflejan la luz amarilla del sol. Al menos eso había visto en Sayula, todavía ayer a esta misma hora. Y había visto también el vuelo de las palomas rompiendo el aire quieto, sacudiendo sus alas como si se desprendieran del día. Volaban y caían sobre los tejados, mientras los gritos de los niños revoloteaban y parecían teñirse de azul en el cielo del atardecer. Ahora estaba aquí, en este pueblo sin ruidos. Oía caer mis pisadas sobre las piedras redondas con que estaban empedradas las calles. Mis pisadas huecas, repitiendo su sonido en el eco de las paredes teñidas por el sol del atardecer

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Niña corriendo en un portal de Jalisco, 1961.

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Fragmento de “El Hombre” cuento del libro “El Llano en Llamas”

(si quieres leer el Llano en Llamas en formato PDF dale clic a este enlace)

“Lo señaló su propio coraje -dijo el perseguidor-. El ha dicho quién es, ahora sólo falta saber dónde está. Terminaré de subir por donde subió, después bajaré por donde bajó, rastreándolo hasta cansarlo. Y donde yo me detenga, allí estará. Se arrodillará y me pedirá perdón. Y yo le dejaré ir un balazo en la nuca… “Eso sucederá cuando yo te encuentre.”

Autorretrato de Juan Rulfo en el Nevado de Toluca, década de 1940 (1)

Autorretrato de Juan Rulfo en el Nevado de Toluca, década de 1940

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Cuento “La Madrugada” del libro “El Llano en Llamas”

San Gabriel sale de la niebla húmedo de rocío. Las nubes de la noche durmieron sobre el pueblo buscando el calor de la gente. Ahora está por salir el sol y la niebla se levanta despacio, enrollando su sábana, dejando hebras blancas encima de los tejados. Un vapor gris, apenas visible, sube de los árboles y de la tierra mojada atraído por las nubes; pero se desvanece en seguida. Y detrás de él aparece el humo negro de las cocinas, oloroso a encino quemado, cubriendo el cielo de cenizas.

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Popocatépetl, 1940.

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Fragmento del cuento “Talpa” del libro “El Llano en Llamas”

Siempre sucedía que la tierra sobre la que dormíamos estaba caliente. Y la carne de Natalia, la esposa de mi hermano Tanilo, se calentaba en seguida con el calor de la tierra. Luego aquellos dos calores juntos quemaban y lo hacían a uno despertar de su sueño. Entonces mis manos iban detrás de ella; iban y venían por encima de ese como rescoldo que era ella; primero suavemente, pero después la apretaban como si quisieran exprimirle la sangre. Así una y otra vez, noche tras noche, hasta que llegaba la madrugada y el viento frío apagaba la lumbre de nuestros cuerpos. Eso hacíamos Natalia y yo a un lado del camino de Talpa, cuando llevamos a Tanilo para que la Virgen lo aliviara.

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COMO DATO:

Juan Nepomuceno Pérez Rulfo Vizcaíno, escritor mexicano, nació el 16 de mayo de 1917. Existen documentos que indican a Sayula, Jalisco, como el sitio de su natalicio, sin embargo, otras fuentes sugieren que vio la luz en Apulco pero fue registrado en Sayula.

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CURIOSIDAD:

El grupo español de rock, Radio Futura –que interpretó en los  años 80 temas como Veneno en la piel– posee una canción inspirada en la obra del escritor mexicano, se trata del tema “Lluvia del porvenir”, incluida en su álbum de 1987 La canción de Juan Perro.

Fuentes de información: http://www.sexenio.com.mx/articulo.php?id=15298

Los Hijos de Octavio Paz

La entrada está dedicada a uno de los grandes poetas y ensayistas más reconocidos en México, premio Nobel de Literatura, Octavio Paz. Su larga trayectoria como escritor y su afamado carácter forman, en conjunto, la genialidad de un gran personaje de la cultura mexicana.

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Niña (Fragmento)

Nombras el árbol, niña.
Y el árbol crece, lento y pleno,
anegando los aires,
verde deslumbramiento,
hasta volvernos verde la mirada

Octavio Paz

La vida de Octavio Paz, desde su nacimiento e infancia en Mixcoac, coincide con la de muchos escritores contemporáneos a su época. Su formación académica, definitivamente, es parte vital de la conformación de su pensamiento.

Su abuelo, Ireneo Paz, solado retirado de las fuerzas de Porfirio Díaz (simpatizante en los primeros años, crítico, años después, del régimen) intelectual liberal y novelista. Probablemente su abuelo fue la influencia más importante para Octavio Paz dentro del mundo literario.

Su padre, Octavio Paz Solórzano, trabajó como escribano y abogado para Emiliano Zapata. Criado por su madre, Josefina Lozano y su tía Amalia Paz. Es necesario mencionar que una figura recurrente dentro de la poesía de Paz fue la que formó su familia y sus progenitores.

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Acabar con todo (Fragmento)

Dame, llama invisible, espada fría,
tu persistente cólera,
para acabar con todo,
oh mundo seco,
oh mundo desangrado,
para acabar con todo.

Octavio Paz

Máscaras Mexicanas

Máscaras Mexicanas es un ensayo incluido en el libro “El Laberinto de la Soledad” que Octavio Paz publicó en el año de 1950. El ensayo  es la exposición, ante todo una crítica, sobre el comportamiento de los mexicanos. En él, se desarrolla la idea de que los mexicanos somos gente “cerrada” y demasiado “formalistas” (aspecto último calificado por el mismo Paz como: “el amor que profesamos a la forma”) escondiendo así, de manera automática, nuestro verdadero ser detrás de lo que Octavio califica como las Máscaras Mexicanas.

Se puede leer en el ensayo:

“Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero o licenciado, el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro y máscara la sonrisa”

El ensayo desarrolla, también, una vaga idea del carácter “resignado” y “tradicionalista” heredado, dice Paz, de las diferentes culturas, entre ellas la española y y la influencia hispanoárabe, que habitaron y formaron México. Octavio expone en su escrito la situación de la mujer mexicana que, al igual que el varón, se encuentra inmersa en la esfera de las relaciones de poder y voluntad que se le han impuesto a través de la historia.

Lo que Octavio quiere remarcar en este ensayo es la capacidad del mexicano para “defenderse”, hasta con la simulación y la mentira, del  mundo exterior que le rodea. Se trata de buscar al enemigo en cualquier lugar y en cualquier parte, “cerrarse” “perderse”  son las únicas posibilidades del mexicano. Dice Paz, “el mexicano anda como desollado cualquier palabra, o sospecha de palabra, le puede hacer daño”

Escribe Octavio Paz, en Máscaras Mexicanas:

” El mexicano siempre está lejos, lejos del mundo y de los demás. Lejos, también, de sí mismo.”

Piedra de Sol (Fragmento)

Voy por tu cuerpo como por el mundo,
tu vientre es una plaza soleada,
tus pechos dos iglesias donde oficia
la sangre sus misterios paralelos,
mis miradas te cubren como yedra,
eres una ciudad que el mar asedia,
una muralla que la luz divide
en dos mitades de color durazno,
un paraje de sal, rocas y pájaros
bajo la ley del mediodía absorto…

Octavio Paz

“Retomando a: Octavio Paz” programa dedicado a recorrer la vida de figuras culturales de nuestro país.

Los Infrarrealistas (poesía desmadre)

Imagínense ustedes un “grupo de choque” (metafóricamente hablando), recordando el MURO de la UNAM o los famosos “Halcones” del jueves de corpus, pero dentro de la poesía tradicional mexicana. Porque no todos los poetas, al contrario de lo que se piensa, son gente que se la pasan en las bibliotecas o los cafés chinos escribiendo prosa, sino todo lo contrario. Es el ejemplo del grupo conocido como Los Infrarrealistas, que fueron los poetas que acabaron con la tradición intelectual y re-fundaron la tradición del inconsciente : el desmadre.

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El desmadre poético

Cuando digo que los Infrarrealistas acabaron con la tradición intelectual no me quiero referir a que fueran unos ignorantes, ni mucho menos. Los Infrarrealistas rompieron el vínculo con la tradición poética al cambiar sus versos y su prosa por letras ácidas, asiduos escritores del vómito y la cruda, fanáticos de plasmar la realidad, la terrible realidad fantasma, que no encontrábamos en los poemas de Octavio Paz (enemigo número del grupo), o la de sus achichincles.

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Es en 1974, cuando un grupo de jóvenes insurrectos se revelaron en un taller poético, para desterrar al coordinador de dicho curso, y fundar más tarde en 1975, en una Colonia del Centro Histórico de la Ciudad de México, lo que se conocería como el grupo de los Infrarrealistas.

Escribe Ramón Méndez (integrante del grupo infrarrealista) acerca de la formación del grupo:

“La idea del nombre y la fundación de un movimiento contra la cultura oficial fue de Roberto Bolaño, entusiasmado por la poesía irreverente de algunos cuantos jóvenes que seguíamos frecuentándonos tras nuestra expulsión del taller de Bañuelos… Entre aquellos jóvenes los más beligerantes eran Mario Santiago, que entonces aún no había adoptado el Papasquiaro, y Héctor Apolinar… Una madrugada de 1975, agotadas las reservas del espirituoso que compartíamos y cansados de vagar por las calles del centro de la Ciudad de México, Mario Santiago me invitó a visitar a un amigo suyo: Roberto Bolaño, quien vivía en un vetusto edificio cerca de la estación Cuauhtémoc del Metro. La recepción de Roberto no fue muy cordial que digamos, pues lo interrumpíamos de su diaria jornada de redacción creativa mañanera, que cumplía con el rigor de un burócrata sujeto a reloj checador. La conversación no fue muy larga, pero sí muy intensa. Cuando Santiago y yo salimos de la casa de Bolaño lo habíamos convencido de nuestra subversión vital contra el oficialismo de la cultura, y nos había comparado con los beatniks: ‘Tú eres Ginsberg –le había dicho a Santiago‑, y éste es Corzo: son los beatniks de México'”

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Escribe Cuauhtémoc Méndez sobre el infrarrealismo:

Cuando en 1976 aparece públicamente el Movimiento Infrarrealista, hacía dos años que el decano de los talleristas en México nos había expulsado de su coto universitario porque le redactamos su renuncia. Desde entonces las lenguas viperinas del “mundillo cultural” propagaron la especie de que los infras éramos unos provocadores y reventadores de lecturas poéticas. El chisme se acrecentó por nuestra beligerante participación en un deslucido congreso internacional de escritores, por algunos incidentes con Octavio Paz –el último Nerón de las panaderías literarias del país—y finalmente por los sucesos de 1983 en el Palacio de Minería.

Y como ya es costumbre aquí sustituir la crítica por la valorata anecdótica, como bien se dice en la contraportada de Canciones para gandallas y otros poemas urbanos, esos dos que tres hechos bastaron para que los críticos de la literatura dieran cimiento al mito de nuestra mala fama. Mas por paradojal coincidencia, porque el primer ataque público y colectivo en el que nos lanzamos a fondo fue al funcionamiento del taller de poesía que en la UNAM dirige a perpetuidad don Juan (perdón, voy al) Bañuelos, desde mediados de la década anterior empezaron a pulular esa suerte de incubadoras auspiciadas por las instituciones mudocráticas, con el claro propósito de procrear las camadas de escritores que habrán de sustituir a quienes hoy sirven de lavanderas de conciencia del estado de cosas imperante

El Manifiesto Infrarrealista de Roberto Bolaño (síntesis):

 “El riesgo siempre está en otra parte. El verdadero poeta es el que siempre está abandonándose. Nunca demasiado tiempo en un mismo lugar, como los guerrilleros, como los ovnis, como los ojos blancos de los prisioneros a cadena perpetua.”

“¿Quién ha atravesado la ciudad y por única música sólo ha tenido los silbidos de sus semejantes, sus propias palabras de asombro y rabia?

                            El tipo hermoso que no sabía

                   que el orgasmo de las chavas es clitoral

(Busquen, no solamente en los museos hay mierda) (Un proceso de museificación individual) (Certeza de que todo está nombrado, develado) (Miedo a descubrir) ( Miedo a los desequilibrios no previstos).”

El Manifiesto Infrarrealista de Mario Santiago (síntesis):

“En esta hora más que anteriormente, el problema artístico no

puede se considerado como una lucha interna de tendencias/

sino sobre todo como una lucha tácita (casi declarada) entre

quienes de manera consciente o no, están con el sistema y

pretenden conservarlos, prolongarlo/ Y quienes también de manera

consciente, o no, quieren hacerlo estallar”

Esta rola está basada, fantásticamente, en fragmentos de poemas Infrarrealistas, todo una joyita ¡Disfruten!

¡Hasta la próxima entrada que, irremediablemente, será de poesía infrarrealista!

Los Recuerdos de Elena Garro

Esta entrada está dedicada a la grandísima autora mexicana: Elena Garro. Porque su narrativa es, al igual que la de muchos hombres, una fuente inagotable de retórica, realismo y belleza literaria.

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Tus ojos son los ojos fijos del tigre y un minuto

Después son los ojos húmedos del perro.

Patria de sangre, única tierra que conozco y

me conoce, única patria en la que creo,

única puerta al infinito.

Octavio Paz

Vida y Obra

Hija de padre español y madre mexicana, Elena Garro Navarro, nació en el estado de Puebla el 11 de diciembre de 1920. Recordada tanto por su obra literaria como por su activismo político, realizó sus estudios en letras en la Universidad Nacional Autónoma de México, donde conoció a quién sería su marido, Octavio Paz -bendición y maldición-.

Entre sus guiones cinematogáricos destacan los realizados para las películas “Las hermanas Vivanco” y “Sólo de noche vienes” También, Elena escribió un libro de cuentos “La semana de los colores” que, como toda su obra, la materia prima es totalmente mexicana, una materia que Garro revalora y pone en tela de juicio. Al mismo tiempo que nos lleva por los caminos de su infancia, nos enfrenta con las injusticias sociales, el hambre, los crímenes y la corrupción, en medio de atmósferas mágicas.

En 1963, Elena, con un ámplio conocimiento de literatura, escribe la que sería su novela más importante Los Recuerdos del Porvenir, novela ganadora del premio Xavier Villaurrutia en el mismo año de la publicación. Esta novela es importante dentro de la literatura mexicana y latinoamericana no sólo por el gran estilo que caracterizó la escritura de Garro (poesía y literatura mezcladas en novela) sino por ser una, o la primera, escritora en experimentar con el género literario conocido como realismo mágico.

Muchos han sido los escritores que han reconocido en Garro a una precursora del realismo mágico, ya que su novela fue escrita cuatro años antes que Cien años de soledad de Gabriel García Márquez; ya Sergio Callao señalaba las similitudes, la constante denuncia y crítica al caciquismo y las promesas incumplidas de la revolución agraria, entre la novela de Garro y el Pedro Páramo (clic al link para leer el libro) de Juan Rulfo.

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Elena Garro y Gabriel García Márquez

Fotografía de Héctor García

Después de los sucesos del 2 de octubre de 1968, Elena Garro fue acusada, injustamente, de encabezar un complot comunista para derrocar al gobierno. Vivió en el exilio de 1972 a 1993.

En una nota publicada por el periódico El Universal (Elena Garro, una carrera literaria entre la persecución) se habla de los años posteriores a su divorcio con Octavio Paz:

Durante las insurrecciones estudiantiles de las décadas de los sesenta y los setenta, Garro se divorció de Octavio Paz, para más adelante autoexiliarse, y radicar en Francia, al lado de su hija Helena, durante casi veinte años; muchas han sido las especulaciones en cuanto al por qué Garro partió a Francia; entre ellas, está la versión de una persecución política.

 http://www.eluniversal.com.mx/notas/562111.html

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¡Bengala! ¡Bengala! País extraodinario, azul, tendido en

una tierra remota, habitado por tigres amarillos.

Elena Garro, Los Recuerdos del Porvenir

Hace apenas unos días terminé de leer la novela Los Recuerdos del Porvenir. Las primeras veinte páginas me encontré sumergido en la historia de un pueblo (Ixtepec) suspendido en el tiempo, el de los recuerdos. La narrativa te atrapa, es como si no pudieras dejar de leer, una y otra vez, las primeras líneas. La complejidad de sus letras, el manejo de su narración, es la que provoca la reflexión continua, la relectura incesante. Se avanza lento pero seguro.

Ya después, algunas páginas adelante, me encontré con la gran historia que propone Elena Garro. El contexto no es más que un pueblo olvidado en los esbozos de la Revolución Mexicana, un pueblo hundido en un estupor de recuerdos, de memorias imbatibles, de amores imposibles. El porvenir se transforma en un recuerdo inválido, por no decir imposible, que divaga durante toda la novela.

Elena se encargó de reflejar en su novela, en su teatro y muchos de sus cuentos, el sufrimiento de la clase más pobre. Las personas que viven en la monotonía de un sufrimiento inamovible, el dolor y recuerdo del hambre. ¿¡Para qué seguir luchando si se ha perdido toda esperanza!? Es como divagar en una gran ambigüedad, es el transcurrir dentro de una revolución muerta.

¡Qué cosas  tiene la vida!

Cuando yo leí Los Recuerdos  del Provenir, o era muy chica o no había abierto

esa ventana que da a l aurora boreal; ni modo, sí, me maravilló,

pero ahora que ya me voy a morir , la Garro sube a una escala maravillosa.

María Luisa Mendoza

AQUÍ UN FRAGMENTO DEL PROGRAMA “SILENCIO MAESTROS LEYENDO” DE  JUAN VILLORO