Los Detectives Salvajes

El simple hecho de nombrar Real Visceralistas traía consigo miles de interpretaciones, algunas lógicas otras no, de lo que éste nombre significa sin embargo, para García Madero estudiante de la Facultad de Derecho, el nombre le cambió la vida. Aquí comienza la pequeña narración de extraordinarios hechos, de miles de descripciones, de grandes hazañas y de personajes importantes en esta historia.

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Desde el momento en que se menciona el concepto de poesía se abre un paraíso infinito de nuevas corrientes, muchas de ellas ligadas a los europeos otras muy familiarizadas con la América Latina, poetas realmente inmortales, poesías que son historia.  Desde ese momento la poesía se visualiza como un objetivo, como una ideología, como una vocación, como una pasión, se vuelve un factor importante para toda la historia, de ella dependen muchos de los nudos, de los desenlaces, de las conclusiones o de las mismas discusiones entre personajes

Para los Visceralistas la poesía mexicana y latinoamericana se dividía en dos partes: los que seguían a Octavio Paz y los que lo odiaban, sin olvidar al imperio de Pablo Neruda decían ellos “entre la espada y la pared”. De ellos siempre surge la idea de cambiar toda la historia de la poesía, porque para ellos como para los “Estridentistas” el grupo que comandara Cesárea Tinajero, su participación es lo más valioso que se pudiera tener, aunque al final muchos de los proyectos se vieran truncados por momentos inesperados.

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La forma en que el libro se desarrolla, los hechos que atrae consigo las personalidades dentro de la poesía, es lo que hace de los Detectives salvajes un libro con mucho valor. Es para mi gusto un libro que utiliza de manera fenomenal el contexto que la ciudad le ofrece, las descripciones son limpias y a veces metafóricas pero gran sentido de la apreciación. En el libro hay un poema que me llamó mucho la atención y no solamente por lo que dice sino por la interpretación que se puede dar él el poema es de Efrén Rebolledo va así:

EL VAMPIRO

Ruedan tus rizos lóbregos y gruesos
por tus cándidas formas como un río,
y esparzo en su raudal crespo y sombrío
las rosas encendidas de mis besos.

En tanto que descojo los espesos
anillos, siento el roce leve y frío
de tu mano, y un largo calosfrío
me recorre y penetra hasta los huesos.

Tus pupilas caóticas y hurañas
destellan cuando escuchan el suspiro
que sale desgarrando mis entrañas,

y mientras yo agonizo, tú, sedienta,
finges un negro y pertinaz vampiro
que de mi ardiente sangre se sustenta.

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Los Detectives Salvajes ganadora del premio XVI Herralde por unanimidad, una novela que aunque no es corta es muy entretenida, grandes narraciones, grandes citas, personajes como las hermanas Font que reflejan las duras etapas de la adolescencia o personajes como Lupita, Arturo Belano, Ulises Lima, Pancho y Moctezuma Rodríguez, Piel Divina entre otros son la bella imagen de las inquietudes que asechan a cualquier persona en la formación de su destino.

Las palabras se convierten en imágenes en reflejos de la realidad, de una realidad moderna, de los acontecimientos que cimbraron a  un país como los del Movimiento Estudiantil de 1968 en el caso de México, o en el Golpe de Estado ocurrido en Chile, son más o menos la dos realidades más contundentes del milenio pasado de los que quedaron marcados en la memoria y que las palabras solo sirven para devolver la nostalgia de lo que fue y que tal vez ya no será.

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Crónicas Rock

En mi efímera etapa en el CCH un profesor nos recomendó un libro que, según él, iba a encantar a varios compañeros. Por supuesto, nadie se la creyó. Pocos fuimos los que nos aventuramos a buscar el dichoso libro en las librerías del DF. Así pasaron varios días y el resultado no era nada alentador, hasta que uno de los compañeros lo encontró en el Fondo de Cultura Económica. Y el resultado fue:

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Tiempo Transcurrido es un libro que reúne diferentes crónicas sucedidas, en gran parte, dentro de la Ciudad de México. Cada crónica es una nueva historia que se acompaña de la música rock, tan famosa y clandestina en esos tiempos. Las crónicas recorren desde 1965 hasta 1985 el momento del temblor. Si algo se debe admirar del libro es el gran manejo del lenguaje que Villoro sabe utilizar.

Les comparto algunas de las canciones que sobresalen de la selección de Villoro:

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El tiempo transcurrido, dice Villoro, es el que viaja a través de la música. Es importante señalar que la música de lo años posteriores a 1968 no sólo era el rock gringo que llegaba en pocas dosis a la ciudad sino la música-denuncia que los trovadores se encargaron de hacer.

Los grupos mexicanos también hace aparición en esta serie de crónicas. Los “hoyos funkies” hacen aparición: vómito, cerveza en bolsita, golpes, baile exótico, melenas al aire, todo lo que se pueda imaginar uno mientra la música del Three Souls in My Mind suena de fondo.

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Las crónicas de la ciudad se vuelven adictivas. Podría hacer una analogía entre dos libros: Tiempo Transcurrido y Los Detectives Salvajes. Aunque de ellas emana una historia diferente (poesía y rock) las están narradas sobre la selva de cemento.

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“Los años eran difíciles”, la crítica de Villoro en contra del Gobierno no se hace esperar. Es parte de su estilo, esa ácida ironía que  adorna sus crónicas hacen del libro una pieza espléndida, que te recomiendo leer.

“Los granaderos no quisieron presentar examen para entrar a la preparatoria. Ellos usaron su propio método: el bazucazo que convirtió la puerta colonial en una nube de aserrín.  La policía justificó el ataque con razones estratégicas: la Prepa 1 era un “foco de sedición”; los estudiantes, en vez de ideales académicos, acariciaban ametralladoras soviéticas.

Los años difíciles- Heberto Castillo 

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COMO DATO:

Juan Villoro es hijo de Luis Villoro (filósofo mexicano) y nació en la Ciudad de México en 1956. Obtuvo el Premio Herralde por su novela “El testigo”

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De libros, letras, reflexiones:

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Sin duda alguna el libro es interesante. Es un recorrido, un relato, una crónica que te lleva desde la sierra de Oaxaca, hasta las inmediaciones de la Colonia Lindavista. Los nombres abundan en las crónicas. Hasta el modo de vestir es determinante en cada personaje: punk, fresa, rock, pandrosón. Claro que este libro podría ser la continuación de “Las Batallas en el Desierto” de José Emilio Pacheco.

Los Infrarrealistas (poesía desmadre)

Imagínense ustedes un “grupo de choque” (metafóricamente hablando), recordando el MURO de la UNAM o los famosos “Halcones” del jueves de corpus, pero dentro de la poesía tradicional mexicana. Porque no todos los poetas, al contrario de lo que se piensa, son gente que se la pasan en las bibliotecas o los cafés chinos escribiendo prosa, sino todo lo contrario. Es el ejemplo del grupo conocido como Los Infrarrealistas, que fueron los poetas que acabaron con la tradición intelectual y re-fundaron la tradición del inconsciente : el desmadre.

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El desmadre poético

Cuando digo que los Infrarrealistas acabaron con la tradición intelectual no me quiero referir a que fueran unos ignorantes, ni mucho menos. Los Infrarrealistas rompieron el vínculo con la tradición poética al cambiar sus versos y su prosa por letras ácidas, asiduos escritores del vómito y la cruda, fanáticos de plasmar la realidad, la terrible realidad fantasma, que no encontrábamos en los poemas de Octavio Paz (enemigo número del grupo), o la de sus achichincles.

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Es en 1974, cuando un grupo de jóvenes insurrectos se revelaron en un taller poético, para desterrar al coordinador de dicho curso, y fundar más tarde en 1975, en una Colonia del Centro Histórico de la Ciudad de México, lo que se conocería como el grupo de los Infrarrealistas.

Escribe Ramón Méndez (integrante del grupo infrarrealista) acerca de la formación del grupo:

“La idea del nombre y la fundación de un movimiento contra la cultura oficial fue de Roberto Bolaño, entusiasmado por la poesía irreverente de algunos cuantos jóvenes que seguíamos frecuentándonos tras nuestra expulsión del taller de Bañuelos… Entre aquellos jóvenes los más beligerantes eran Mario Santiago, que entonces aún no había adoptado el Papasquiaro, y Héctor Apolinar… Una madrugada de 1975, agotadas las reservas del espirituoso que compartíamos y cansados de vagar por las calles del centro de la Ciudad de México, Mario Santiago me invitó a visitar a un amigo suyo: Roberto Bolaño, quien vivía en un vetusto edificio cerca de la estación Cuauhtémoc del Metro. La recepción de Roberto no fue muy cordial que digamos, pues lo interrumpíamos de su diaria jornada de redacción creativa mañanera, que cumplía con el rigor de un burócrata sujeto a reloj checador. La conversación no fue muy larga, pero sí muy intensa. Cuando Santiago y yo salimos de la casa de Bolaño lo habíamos convencido de nuestra subversión vital contra el oficialismo de la cultura, y nos había comparado con los beatniks: ‘Tú eres Ginsberg –le había dicho a Santiago‑, y éste es Corzo: son los beatniks de México'”

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Escribe Cuauhtémoc Méndez sobre el infrarrealismo:

Cuando en 1976 aparece públicamente el Movimiento Infrarrealista, hacía dos años que el decano de los talleristas en México nos había expulsado de su coto universitario porque le redactamos su renuncia. Desde entonces las lenguas viperinas del “mundillo cultural” propagaron la especie de que los infras éramos unos provocadores y reventadores de lecturas poéticas. El chisme se acrecentó por nuestra beligerante participación en un deslucido congreso internacional de escritores, por algunos incidentes con Octavio Paz –el último Nerón de las panaderías literarias del país—y finalmente por los sucesos de 1983 en el Palacio de Minería.

Y como ya es costumbre aquí sustituir la crítica por la valorata anecdótica, como bien se dice en la contraportada de Canciones para gandallas y otros poemas urbanos, esos dos que tres hechos bastaron para que los críticos de la literatura dieran cimiento al mito de nuestra mala fama. Mas por paradojal coincidencia, porque el primer ataque público y colectivo en el que nos lanzamos a fondo fue al funcionamiento del taller de poesía que en la UNAM dirige a perpetuidad don Juan (perdón, voy al) Bañuelos, desde mediados de la década anterior empezaron a pulular esa suerte de incubadoras auspiciadas por las instituciones mudocráticas, con el claro propósito de procrear las camadas de escritores que habrán de sustituir a quienes hoy sirven de lavanderas de conciencia del estado de cosas imperante

El Manifiesto Infrarrealista de Roberto Bolaño (síntesis):

 “El riesgo siempre está en otra parte. El verdadero poeta es el que siempre está abandonándose. Nunca demasiado tiempo en un mismo lugar, como los guerrilleros, como los ovnis, como los ojos blancos de los prisioneros a cadena perpetua.”

“¿Quién ha atravesado la ciudad y por única música sólo ha tenido los silbidos de sus semejantes, sus propias palabras de asombro y rabia?

                            El tipo hermoso que no sabía

                   que el orgasmo de las chavas es clitoral

(Busquen, no solamente en los museos hay mierda) (Un proceso de museificación individual) (Certeza de que todo está nombrado, develado) (Miedo a descubrir) ( Miedo a los desequilibrios no previstos).”

El Manifiesto Infrarrealista de Mario Santiago (síntesis):

“En esta hora más que anteriormente, el problema artístico no

puede se considerado como una lucha interna de tendencias/

sino sobre todo como una lucha tácita (casi declarada) entre

quienes de manera consciente o no, están con el sistema y

pretenden conservarlos, prolongarlo/ Y quienes también de manera

consciente, o no, quieren hacerlo estallar”

Esta rola está basada, fantásticamente, en fragmentos de poemas Infrarrealistas, todo una joyita ¡Disfruten!

¡Hasta la próxima entrada que, irremediablemente, será de poesía infrarrealista!