“Secuestrados” de Julio Scherer García

La entrada está dedicada a un pequeño libro que la editorial Grijalbo y las colecciones especiales de la revista Proceso publicaron para que el lector tenga un libro de bolsillo y, lo  más importante, a un precio accesible.

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Foto: Julio Scherer García

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Muchos son los delitos que se cometen en esta gran ciudad, y en el mundo entero. Algunos de ellos quedan cubiertos por un largo velo, el de la impunidad. El secuestro es una práctica totalmente inhumana en la cual millones de personas han tenido que sufrir, en cautiverio, los desagradables sucesos que repercuten en la vida del individuo sometido. Múltiples delincuentes y autoridades son culpables de este tipo de actos: se trata de un delito que sigue creciendo y que está resguardado en las entrañas de la corrupción y la impunidad.

Scherer García recopila una serie de crónicas, que él mismo escribió, para dar referencia sobre el secuestro que sufrió su hijo (Julio Scherer Ibarra) y el cautiverio en el que el propio Julio se encontró en los límites de Guatemala.

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Foto: www.telediario.mx 

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En la primera crónica  Scherer escribe sobre el secuestro de su hijo:

Yo pasaba de un estado físico a otro, del calor que suda al frío que tiembla. En la zozobra veía mi muerte por mi propia mano, si Julio moría… Hoy no sabría si pensaba en Dios. En la lógica de los recuerdos, creo que no. Hacia las dos y media (de la madrugada) entró en la casa José Luis Montoya, el chofer de Julio. Aún sangraba de la cabeza, víctima de un culatazo que le abrió el alma. No lloraba, pero había llorado al ver a Julio brutalmente golpeado y apuntadas a él, José Luis, dos pistolas de muerte. Entre improperios, había sido largado en el automóvil de mi hijo y traía consigo su celular con órdenes de hacérnoslo llegar. Sería el instrumento de comunicación entre los secuestradores y sus víctimas.

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Es importante rescatar que Scherer no ha sido, ni será el único padre que ha sufrido por el secuestro de alguno de sus familiares. El ambiente de inseguridad que actualmente se vive en el país es el “caldo de cultivo” idóneo para las bandas de secuestradores  que, por el contrario, van creciendo cada vez más.  El narcotráfico es una célula importante dentro de la organización delictiva; el secuestro, dice Scherer, es su caja chica.

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Foto: www.excelsior.com.mx

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Refiriéndose a la banda que lideraba Daniel Arizmendi “El mochaorejas”, Scherer redactó:

Daniel Arizmendi no cortaba orejas. Era su hermano Aurelio. Procedía con la sencilla naturalidad de quien corta la rama seca de algún arbusto. Según informes del Sistema Nacional de Seguridad Pública, Aurelio era el más sanguinario del grupo. Hizo de la tortura, la mutilación y el asesinato, un modo de ser.

Declararía “el mochaorejas” que habían elegido a Armando Sánchez Rodríguez (como víctima) por la prosperidad de su familia, dedicada a la venta de telas y la confección de ropa en el centro de la ciudad de México, allá por el mercado de Mixcalco. La persona que le sugirió este secuestro fue Juan José Araiza Guzmán, ocupado en el robo de tráilers, por la ruta de Puebla y Veracruz.

“Le cortamos la oreja con una tijera de pollero de treinta centímetros. Previamente lo acostamos boca arriba, amarradas las piernas y las manos. Un tal José, del estado de Morelos, se sentó en su pecho y lo ahogaba. Para evitarle la hemorragia por la oreja, la izquierda, le pusimos ceniza de estopa quemada”

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Julio hace un repaso, breve, de todas aquellas bandas criminales que hicieron del secuestro el crimen más abominable en el centro los alrededores de las ciudad. El Estado de México, Morelos y Michoacán fueron de los estados más “golpeados” por la ola de secuestros que inundó con miedo los hogares.

Dejo el testimonio de Víctor, una víctima de secuestro, que afortunadamente logró vivir para contar el horror de su cautiverio. La conclusión: la impunidad y corrupción de las autoridades.

COMO DATO:

Daniel Arizmendi fue sentenciado, el 22 de agosto de 2003, a 50 años de prisión por los delitos de privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro, delincuencia organizada, posesión de armas de fuego y homicidio calificado.

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