Los Infrarrealistas (poesía desmadre)

Imagínense ustedes un “grupo de choque” (metafóricamente hablando), recordando el MURO de la UNAM o los famosos “Halcones” del jueves de corpus, pero dentro de la poesía tradicional mexicana. Porque no todos los poetas, al contrario de lo que se piensa, son gente que se la pasan en las bibliotecas o los cafés chinos escribiendo prosa, sino todo lo contrario. Es el ejemplo del grupo conocido como Los Infrarrealistas, que fueron los poetas que acabaron con la tradición intelectual y re-fundaron la tradición del inconsciente : el desmadre.

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El desmadre poético

Cuando digo que los Infrarrealistas acabaron con la tradición intelectual no me quiero referir a que fueran unos ignorantes, ni mucho menos. Los Infrarrealistas rompieron el vínculo con la tradición poética al cambiar sus versos y su prosa por letras ácidas, asiduos escritores del vómito y la cruda, fanáticos de plasmar la realidad, la terrible realidad fantasma, que no encontrábamos en los poemas de Octavio Paz (enemigo número del grupo), o la de sus achichincles.

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Es en 1974, cuando un grupo de jóvenes insurrectos se revelaron en un taller poético, para desterrar al coordinador de dicho curso, y fundar más tarde en 1975, en una Colonia del Centro Histórico de la Ciudad de México, lo que se conocería como el grupo de los Infrarrealistas.

Escribe Ramón Méndez (integrante del grupo infrarrealista) acerca de la formación del grupo:

“La idea del nombre y la fundación de un movimiento contra la cultura oficial fue de Roberto Bolaño, entusiasmado por la poesía irreverente de algunos cuantos jóvenes que seguíamos frecuentándonos tras nuestra expulsión del taller de Bañuelos… Entre aquellos jóvenes los más beligerantes eran Mario Santiago, que entonces aún no había adoptado el Papasquiaro, y Héctor Apolinar… Una madrugada de 1975, agotadas las reservas del espirituoso que compartíamos y cansados de vagar por las calles del centro de la Ciudad de México, Mario Santiago me invitó a visitar a un amigo suyo: Roberto Bolaño, quien vivía en un vetusto edificio cerca de la estación Cuauhtémoc del Metro. La recepción de Roberto no fue muy cordial que digamos, pues lo interrumpíamos de su diaria jornada de redacción creativa mañanera, que cumplía con el rigor de un burócrata sujeto a reloj checador. La conversación no fue muy larga, pero sí muy intensa. Cuando Santiago y yo salimos de la casa de Bolaño lo habíamos convencido de nuestra subversión vital contra el oficialismo de la cultura, y nos había comparado con los beatniks: ‘Tú eres Ginsberg –le había dicho a Santiago‑, y éste es Corzo: son los beatniks de México'”

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Escribe Cuauhtémoc Méndez sobre el infrarrealismo:

Cuando en 1976 aparece públicamente el Movimiento Infrarrealista, hacía dos años que el decano de los talleristas en México nos había expulsado de su coto universitario porque le redactamos su renuncia. Desde entonces las lenguas viperinas del “mundillo cultural” propagaron la especie de que los infras éramos unos provocadores y reventadores de lecturas poéticas. El chisme se acrecentó por nuestra beligerante participación en un deslucido congreso internacional de escritores, por algunos incidentes con Octavio Paz –el último Nerón de las panaderías literarias del país—y finalmente por los sucesos de 1983 en el Palacio de Minería.

Y como ya es costumbre aquí sustituir la crítica por la valorata anecdótica, como bien se dice en la contraportada de Canciones para gandallas y otros poemas urbanos, esos dos que tres hechos bastaron para que los críticos de la literatura dieran cimiento al mito de nuestra mala fama. Mas por paradojal coincidencia, porque el primer ataque público y colectivo en el que nos lanzamos a fondo fue al funcionamiento del taller de poesía que en la UNAM dirige a perpetuidad don Juan (perdón, voy al) Bañuelos, desde mediados de la década anterior empezaron a pulular esa suerte de incubadoras auspiciadas por las instituciones mudocráticas, con el claro propósito de procrear las camadas de escritores que habrán de sustituir a quienes hoy sirven de lavanderas de conciencia del estado de cosas imperante

El Manifiesto Infrarrealista de Roberto Bolaño (síntesis):

 “El riesgo siempre está en otra parte. El verdadero poeta es el que siempre está abandonándose. Nunca demasiado tiempo en un mismo lugar, como los guerrilleros, como los ovnis, como los ojos blancos de los prisioneros a cadena perpetua.”

“¿Quién ha atravesado la ciudad y por única música sólo ha tenido los silbidos de sus semejantes, sus propias palabras de asombro y rabia?

                            El tipo hermoso que no sabía

                   que el orgasmo de las chavas es clitoral

(Busquen, no solamente en los museos hay mierda) (Un proceso de museificación individual) (Certeza de que todo está nombrado, develado) (Miedo a descubrir) ( Miedo a los desequilibrios no previstos).”

El Manifiesto Infrarrealista de Mario Santiago (síntesis):

“En esta hora más que anteriormente, el problema artístico no

puede se considerado como una lucha interna de tendencias/

sino sobre todo como una lucha tácita (casi declarada) entre

quienes de manera consciente o no, están con el sistema y

pretenden conservarlos, prolongarlo/ Y quienes también de manera

consciente, o no, quieren hacerlo estallar”

Esta rola está basada, fantásticamente, en fragmentos de poemas Infrarrealistas, todo una joyita ¡Disfruten!

¡Hasta la próxima entrada que, irremediablemente, será de poesía infrarrealista!

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